El calor ha llegado y ahora es la mejor época para visitar las calas más espectaculares de la Costa Brava antes de que llegue la temporada alta.

Cala Estreta                             

Es la cala más famosa de Palamós por sus aguas cristalinas y la ausencia total de actividad humana. A pesar de que hace poco más de 100 metros –de ahí su nombre–, no hay mejor lugar para desconectar de todo. Para poder disfrutar de ella es necesario caminar unos 20 minutos, aunque el camino no es complicado. Una vez en la cala se puede observar que está dividida en dos por un saliente de roca denominado la Roja y que a apenas un kilómetro de distancia se encuentras las Islas Formigues, conocidas por sus numerosas cuevas y riscos de vegetación marina perfectos para hacer snorkel.

Si buscas bañarte en aguas cristalinas y entre peces o tomar el sol en una playa idílica la Cala Estreta es una de las mejores opciones que encontrarás en toda la Costa Brava.

Cala de l’Illa Roja

Arena dorada, aguas tranquilas, unas paredes que protegen del viento y una pintoresca roca rojiza en sus orillas que da nombre a la cala. En esto podemos resumir una de las pocas calas que no han sufrido cambio alguno que no sea debido por la erosión. Sin duda es una de las más pintorescas y conocidas de la zona de Begur para poder disfrutar el verano de forma única.

Con 120 metros de largada y poco más de 20 de anchura, esta cala es bastante grande y perfecta para pasar todo un día tomando el sol. Eso sí, no esperes poder quitarte la sal en las duchas o tomar algo en un chiringuito, porque no los encontrarás, ya que el acceso está apartado de cualquier aparcamiento de vehículos.

Cala Futadera

Popularmente conocida como la cala de los 300 escalones por el camino de ronda que hay que recorrer para llegar, está situada en Tossa de Mar y es completamente virgen. Y es que esta cala orientada al noreste permite hacer las mejores fotografías de toda la zona gracias al contraste del agua azul turquesa con el verde de los pinos –que llegan casi al nivel del mar-. Desde la parte alta del camino la cala es impresionante gracias a las rocas que la rodean, el agua cristalina y la vegetación que llega hasta la orilla. Una imagen vale más que mil palabras.

A pesar de que solamente hace 100 metros de largo por 10 de ancho y que no tiene ningún servicio, es uno de los lugares imprescindibles de la Costa Brava que hay que visitar una vez en la vida.

Cala de Sa Tuna

Volvemos a Begur para visitar la Cala Sa Tuna, que debe este nombre al barrio marinero que tiene justo detrás y que el da un encanto especial difícil de encontrar en otras calas y playas. Protegida de las olas del mar por un cinturón de roca natural, Sa Tuna es una de las playas más tranquilas para pasar el día.

Lo que sorprende de Sa Tuna es que las calas no necesariamente deben ser vírgenes para sorprendernos y darnos postales únicas gracias al barrio marinero y a las barcas que encontramos amarradas en la orilla y en la propia arena. Destacar también que durante la época estival es habitual encontrarse actuaciones de habaneras que amenizan las tardes de los bañistas que todavía quedan.